| La vocación del Carmelo Teresiano
es un compromiso a vivir en obsequio de Jesucristo, meditando día
y noche la ley del Señor y velando en oración. Fiel
a este principio de la Regla, Santa Teresa puso la oración
como cimiento y ejercicio primordial de su familia religiosa. Por
eso, el Seglar está llamado a procurar que la oración
penetre toda su existencia, para caminar en la presencia del Dios
vivo (Cf. 1 Re 18,14), mediante el ejercicio constate de la fe, la
esperanza y el amor, de manera que toda su vida sea una oración,
una búsqueda de la unión con Dios. La meta será
lograr integrar la experiencia de Dios con la experiencia de la vida:
ser contemplativos en la oración y en el cumplimiento de la
propia misión. (Constituciones III,17) . |
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